Las terapias de reemplazo de testosterona no aumentan el riesgo de cáncer de próstata

9 de Junio del 2016

Un estudio concluye que, con independencia de su vía de administración, la terapia hormonal protege frente a las formas agresivas del tumor

 

La testosterona es una hormona que desempeña un papel crucial tanto en el desarrollo como en el bienestar de los varones. Tal es así que, con la bajada de los niveles de la hormona que se produce con el paso de los años, la energía y movilidad de la población masculina, así como su función sexual, se ven progresivamente disminuidas. La solución, entonces, pasa por aumentar los niveles de la hormona, para lo cual se requiere recibir terapia de reemplazo de testosterona. Pero esta terapia, como ocurre con todos los tratamientos, no está exenta de efectos secundarios. Y entre los mismos, según han sugerido distintas investigaciones, se encuentra un mayor riesgo de cáncer de próstata. Sin embargo, un nuevo estudio dirigido por investigadores del Centro Médico Langone de la Universidad de Nueva York (EE.UU.) demuestra que esto no es así. De hecho, las terapias de reemplazo de testosterona parecen reducir el riesgo de mestástasis en caso de desarrollo del tumor.

Como explica Stacy Loeb, directora de esta investigación presentada en el marco de la Reunión Anual de la Asociación Americana de Urología (AUA) que se está celebrando en San Diego (EE.UU.), «de acuerdo con nuestros resultados, los médicos deben seguir fijándose en los factores de riesgo para el cáncer de próstata, caso del historial familiar o de una edad superior a los 40 años, en los varones que reciben terapia de reemplazo de testosterona. Pero asimismo, no deben dudar en prescribir este tratamiento en aquellos varones en los que resulte adecuado por miedo a un aumento del riesgo de desarrollo de este tipo de tumor».

Es cierto que la mayor preocupación sobre un posible aumento del riesgo deriva de que los fármacos que se usan habitualmente para reducir el volumen tumoral en las fases avanzadas de la enfermedad suelen disminuir las concentraciones de hormonas masculinas. Pero como puntualiza Stacy Loeb, «cuando se utiliza de forma apropiada en varones con un descenso de testosterona asociado a la edad que de otra manera estarían completamente sanos, la terapia de reemplazo ha demostrado mejorar tanto la función sexual como el estado de ánimo».

Terapia hormonal ‘no cancerígena’

El uso de la terapia de reemplazo de testosterona, ya sea por vía oral, parches de gel o inyecciones, ha experimentado un ‘boom’ en la última década. De hecho, su utilización se ha triplicado desde el año 2001 en Estados Unidos, país en el que más de un 2% de los varones en su cuarta década de vida y cerca de un 4% de aquellos que ya han superado los 60 años reciben a día de hoy el tratamiento. Todo ello a pesar de que solo un 1% de los hombres mayores de 30 años experimenta una bajada natural de sus niveles de testosterona.

Como indican los autores, «la popularidad de este tratamiento es consecuencia del mayor y significativo número de personas mayores número y de las campañas de marketing de la industria farmacéutica. Pero los riesgos a largo plazo de esta terapia aún permanecen desconocidos».

Así, los investigadores revisaron los historiales médicos de 231.408 adultos suecos y se centraron en los 38.570 casos diagnosticados de cáncer de próstata entre los años 2009 y 2012.

En total, la cifra de participantes que tomaban terapia de reemplazo con testosterona antes de desarrollar el cáncer de próstata fue de únicamente 284. Además, 1.378 varones de los 192.838 que no padecieron el tumor también habían recibido el tratamiento hormonal.

Los resultados mostraron que los varones que había recibido terapia de reemplazo de testosterona durante un período superior a 12 meses no presentaban un mayor riesgo de cáncer de próstata.

Menor riesgo de metástasis

Por el contario, y en el caso de aquellos varones que acabaron padeciendo este tipo de cáncer, el tratamiento hormonal se asoció con tumores menos agresivos –es decir, con un menor riesgo de que el tumor se expandiera e invadiera otros órganos–. Concretamente, el riesgo de padecer un tumor agresivo se redujo en hasta un 50% en caso de haber recibido terapia de reemplazo de testosterona.

Y una vez más, el tiempo de tratamiento tuvo un papel crucial. Como apuntan los autores, «hay que destacar que la reducción a largo plazo de la agresividad del tumor tan solo se observó en aquellos participantes tratados con terapia de reemplazo hormonal durante más de un año, así como que el riesgo de desarrollo del tumor no difirió entre los geles y demás tipos de preparados».

En definitiva, concluye Stacy Loeb, «a nivel global, nuestros resultados sugieren que lo mejor para la salud masculina es mantener unos niveles de testosterona equilibrados y dentro de unos niveles normales. Así, los varones cuyos niveles hormonales sean inferiores a 350 ng/dl y presenten síntomas deben consultar con sus médicos sobre la idoneidad de iniciar terapia de reemplazo hormonal».

Y en este contexto, ¿cómo se explica que las terapias con testosterona disminuyan la agresividad de los tumores de próstata? Pues, en realidad, no se sabe. De hecho, este será el objetivo del nuevo estudio del equipo de investigadores dirigido por Stacy Loeb, trabajo en el que también analizarán por qué mantener unos niveles normales de testosterona protege frente a las formas agresivas de la enfermedad.