La terapia hormonal para el cáncer de próstata aumenta el riesgo de depresión

9 de Junio del 2016

Los pacientes con cáncer de próstata localizado que reciben terapia de deprivación androgénica tienen un riesgo un 23% mayor de desarrollar depresión

El cáncer de próstata se corresponde con el tipo de tumor más prevalente en la población masculina. Solo en nuestro país se diagnostican cada año más de 25.000 nuevos casos de este tumor. Y para su tratamiento, muchos pacientes reciben la denominada ‘terapia de deprivación androgénica’ (TDA), esto es, una terapia hormonal para inhibir o reducir los niveles de andrógenos –hormonas masculinas, fundamentalmente la testosterona, que promueven el crecimiento del tumor–. Sin embargo, y si bien resulta eficaz, esta TDA se asocia, tal y como sucede con todos los tratamientos, con algunos efectos secundarios. De hecho, un nuevo estudio llevado a cabo por investigadores del Brigham and Women’s Hospital de Boston (EE.UU.) muestra cómo la TDA para el cáncer de próstata localizado –es decir, cuando aún no se ha extendido a otros órganos– se asocia con un significativo riesgo de desarrollo de depresión.

Como explica Paul Nguyen, director de esta investigación publicada en la revista «Journal of Clinical Oncology», «sabemos que los pacientes que reciben TDA suelen experimentar una disminución de su función sexual y una ganancia de peso, así como una pérdida de energía. Es decir, factores que pueden conllevar al desarrollo de depresión. Y tras un análisis más profundo, hemos descubierto una asociación significativa entre la administración de la TDA para el cáncer de próstata y la depresión».

Por tanto, continúa Paul Nguyen, «es importante que los pacientes conozcan los efectos adversos potenciales de los fármacos que están tomando. Un conocimiento, asimismo, que también deben tener los médicos, pues deben ser conscientes de este riesgo para así reconocer los signos de la depresión y poder derivar a sus pacientes para que reciban una atención adecuada».

TDA y depresión

En el estudio, los investigadores analizaron los registros médicos de 78.552 varones mayores de 65 años y diagnosticados de depresión en estadio I-III entre los años 1992 y 2006 con el objetivo de identificar una posible relación entre la TDA para este tipo de cáncer y el desarrollo de depresión.

Los resultados mostraron que, comparados frente a aquellos no tratados con TDA, los pacientes con terapia hormonal tenían una mayor incidencia de depresión y, por tanto, una mayor probabilidad de recibir tratamiento farmacológico para este trastorno mental –tanto dentro como fuera del hospital–. Concretamente, la TDA se asoció con un incremento del 23% del riesgo de depresión, con una probabilidad hasta un 29% superior de requerir tratamiento psiquiátrico en el hospital, y con un riesgo un 7% mayor de necesitar tratamiento psiquiátrico ambulatorio.

Es más; con independencia de que el paciente se encontrara o no ingresado, el riesgo de depresión se asoció directamente con la duración de la TDA, estableciéndose la probabilidad en un 12% en el caso de que el tiempo de terapia hormonal fuera inferior a 6 meses; en un 26% para los tratamientos de 7 a 11 meses de duración; y en hasta un 37% para aquellos pacientes que habían recibido TDA por un período igual o superior a los 12 meses.

Conocer los riesgos

En definitiva, concluye Paul Nguyen, «los pacientes y los médicos deben valorar los riesgos y beneficios de la terapia de deprivación androgénica, y este riesgo adicional de depresión puede provocar que algunos varones se muestren incluso más reacios a recibir este tratamiento, muy especialmente en aquellas situaciones en las que, como sucede en el cáncer de próstata de riesgo intermedio, los beneficios resultan menos claros».

Todo ello sin olvidar que, como inciden los autores, «se requieren más estudios para evaluar aquellas intervenciones que podrían reducir este riesgo y para determinar qué subgrupo de pacientes presentan un mayor riesgo de desarrollar este trastorno mental».